En la jornada de ayer, aprendimos que la meditación es indispensable en
nuestro proceso de madurez espiritual, pues ella introduce la verdad en el
interior de nuestro ser. Hoy y mañana vamos
a trabajar sobre los aspectos prácticos de la meditación bíblica.
Lee con mucha
atención los siguientes textos:
"Llegaron a la
aldea adonde iba, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a
quedarse diciendo. Quédate con nosotros, porque se hace tarde y el día ya ha
declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado
con ellos a la mesa, tomo el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les
fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; más él se desapareció de su vista.
[...]
"Y les dijo:
Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era
necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés,
en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que
comprendiesen las Escrituras" (Luc. 24:28-31, 44, 45).
Lee
nuevamente el pasaje bíblico escrito en los párrafos anteriores. Piensa en los
detalles que no percibiste en la primera lectura. ¿Conseguiste detectar en el
texto algo que "toque" algún aspecto de tu vida?
Ahora,
habla con Dios en oración en relación con las observaciones que tienes acerca
del texto y con las lecciones prácticas que conseguiste extraer para tu vida
hoy.
Complementando
tus consideraciones sobre el pasaje, vamos a analizar algunas lecciones que
podemos extraer del pasaje bíblico y que necesitamos aprender al meditar en la
Palabra de Dios.
1.
Meditar en la presencia del
Señor
Vamos
a pensar en esta frase: "...estando sentados con ellos a la mesa".
Recuerda: cuando abro la Biblia, me estoy ubicando ante la presencia del Señor,
pues la Palabra no se aparta de aquel que habla. Cuando te diriges a tu lugar
de comunión, durante las primeras horas del día, el Señor está yendo contigo y
va a sentarse a tu lado o frente a ti para conversar y oírte. Este es el primer
requisito para la práctica productiva de la meditación.
Ese
es un momento solemne, en el que la criatura y el Dios creador y redentor están
juntos en comunión. En ese momento, el Espíritu Santo dirige y orienta la mente
del creyente para que, por medio de la oración y del estudio, pueda conocer la
voluntad de Dios para ese día.Siempre que nos dispongamos a estar con él, él se
dispondrá a estar con nosotros. Entonces, la meditación debe iniciarse con la
actitud de esperar en el Señor, abriendo el corazón y la mente al Espíritu
Santo que que nos dirija hacia él y hacia la Palabra.
Ese
es el momento de mi encuentro con Dios, y nada debe interferir en ese sagrado
instante. Mi alma necesita diariamente de él para tener vida. Necesito estar a
la sombra del Padre. Salomón escribió lo siguiente: "[...] Bajo la sombra
del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar" (Cant. 2:3). Al lado del Padre
podemos conversar, leer algunos textos, cantar un himno de adoración, o
simplemente permanecer ante su presencia en silencio.
Es
solamente aquí, durante la comunión con Dios, que las fuerzas del mal pueden
ser quebradas en mi vida. No existe otra manera. "Hay solo un poder que
puede sustraer los corazones de los hombres al imperio del mal: el poder de
Dios en Cristo Jesús. Solo por la sangre del Crucificado podemos purificarnos.
Solo su gracia puede hacernos capaces de resistir las tendencias de una
naturaleza caída y subyugarlas" (El evangelismo, p. 437).
Es
importante recordar que, para meditar en la Palabra de Dios, no existe una
fórmula lista que se adapte a cada persona. Lo que realmente importa es la
disposición que se tiene para conocer la voluntad del Padre. El Espíritu Santo
va a proveer la manera ideal para que cada persona pueda conocer a Dios. En la
jornada de hoy estamos dando solamente algunas sugerencias. Si ellas facilitan
tu comunión, úsalas; si no, pide al Espíritu Santo que te muestre el modelo que
se identifica más contigo.
2. Oír
la voz del Señor
Ya
aprendimos que meditar es oír la voz de Dios por medio de su Palabra y hablar
con él por medio de la oración. Para poder oír claramente su voz, es
indispensable considerar lo siguiente:
a)
El señorío de Cristo ¿es una
realidad en mi vida? Una pregunta clave sería: ¿Existe algún área de mi vida
que está fuera del control del Espíritu Santo? El corazón dividido me impedirá
tener una comprensión profunda de la Palabra de Dios.
b)
El pecado no confesado me impide reconocer totalmente la voz del Señor.
c)
No me sentiré cómodo ante la presencia de Jesús abrigando pecados en mi vida.
La desobediencia abierta y específica a las orientaciones de la Biblia
interferirá
directamente en la calidad de mi relación con Dios.
directamente en la calidad de mi relación con Dios.
En
Salmo 66:18, David dice lo siguiente: "Si en mi corazón hubiese yo mirado
a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado". Pero, como su corazón
era recto delante de él, en el versículo siguiente afirma: "Mas
ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica".
3.
Recibir el alimento de Cristo
En
la Biblia, Jesús se presenta como aquel que es el Pan y como el que ofrece el
Pan. En
ocasión de la multiplicación de los panes, él dio el pan para ser distribuido,
y en el texto que leemos sobre los discípulos de Emaús vemos que Jesús se sentó
a la mesa con ellos, y "tomó el pan". Siempre que vamos a la Biblia
para conocer a Dios, descubrimos que aquel que da el pan siempre estará a
nuestro lado. Por medio del Espíritu Santo, él nos dará a conocer toda la
voluntad del Padre.
Cuando
decidimos recibir ese pan, de preferencia durante las primeras horas del día,
seremos plenamente saciados. La experiencia de los discípulos de Emaús confirma
el hecho de que, sentados a la mesa con el Señor, seremos alimentados
abundantemente con su palabra. Él se deleita en alimentarnos. En el texto que
leímos, notamos que cuando los discípulos estaban sentados a la mesa, él tomó
el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a ellos.
Lo
mismo ocurrirá con nosotros a lo largo de esta jornada y cada día de nuestra
vida. En
presencia del Señor, y buscando humildemente conocer su voluntad, recibiremos
entendimiento. Por medio de la comunión, Dios se revelerá a cada hijo.
¿No fue
eso lo que ocurrió con los discípulos de Emaús?
La
Biblia dice: "[...] les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron".
Conocemos el mensaje de que, por medio de la contemplación, somos
transformados; y creemos que, cuando vamos ante la presencia de Dios en las
primeras horas del día, recibimos no solamente la revelación de la verdad, sino
también la revelación del propio Cristo.

A
pesar de que en ese momento Jesús había desaparecido de la vista de sus
discípulos, una cosa se muestra claramente en el texto: el gozo, la alegría y
el deslumbramiento de su presencia permaneció con ellos. Y, con el corazón en
llamas, salieron corriendo para anunciarlo a los discípulos que estaban en
Jerusalén.
Cuando
al inicio de cada día meditamos ante la presencia del Señor, los resultados se
ven claramente en nuestra vida: vivimos con alegría en presencia de Dios, somos
testigos y mensajeros de Cristo, y obedecemos el plan que presenta para nuestra
vida en ese día.
Antes
de terminar, consideremos otras tres joyas del Cielo destinadas a nosotros:
a)
Éxodo 33:15: "Si tu
presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí".
b)
"No hay nada al parecer
tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su
insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador. Mediante la
oración, el estudio de su Palabra y el creer que su presencia mora en el
corazón, el más débil ser humano puede vincularse con el Cristo vivo, quien lo
tendrá de la mano y nunca lo soltará" (El ministerio de curación, pp.
136, 137).
c)
"Haga del querido Salvador
su compañero diario y su amigo familiar. Dedique algo de tiempo al estudio de
la Palabra de Dios" (El hogar cristiano, p. 95).
¿Cómo te sientes
espiritualmente? ¿Sientes que está mejorando? Si decides continuar buscando a
Dios todos los días, serás más feliz en Cristo.
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