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DIA 6
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"De
cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna".
"Yo
soy el pan de vida".
"Vuestro
padres comieron el maná en el desierto, y murieron".
"Este es el pan que desciende del cielo,
para el que come de él, no muera". "Yo soy el pan vivo
que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y
el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo"
(Juan 6:47-51).
En la
jornada de hoy, vamos a aprender el significado de la palabra meditación y cómo
meditar en la palabra de Dios. La meditación es una de las más importantes
herramientas para poder conocer a Dios, y debe estar aliada con otros métodos
que facilitan el crecimiento espiritual del creyente, tales como: oír, leer,
estudiar, memorizar, escribir, cantar y hablar de la palabra de Dios.
Pasemos ahora a estudiar profundamente el significado
de meditar en la palabra de Dios. Cuando meditamos, recibimos la verdad en lo
íntimo de nuestro ser. Así meditar es:
1. Esconder la
palabra de Dios en el interior. "Del mandamiento
de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida"
(Job 23:12).
2. Pensar en las
palabras del texto bíblico con el corazón totalmente abierto a la dirección del
Espíritu Santo, para que él me guíe a toda verdad que necesita mi alma.
3. Permitir que el
Espíritu Santo confronte al cristiano que soy con el cristiano que Dios desea
que sea a la luz de su Palabra.
4. Ponerme en el
lugar del personaje bíblico y decir: "Dios, obra
en mí de la misma forma que obraste en él". Es colocarme en una
posición en que él pueda usarme y modificar mi vida.
5. Asimilar el Pan
vivo que está siendo servido, para tener una nueva vida durante el transcurso
del día.
Vamos a practicar la
meditación
"Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me
fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí,
oh Jehová Dios de los ejércitos" (Jer. 15:16).
Podemos meditar en
este versículo en los siguientes términos:
1. Fueron halladas
tus palabras...: ¿Qué me sugiere la palabra hallar? Procurar:
¿Cuál debe ser la naturaleza de esa búsqueda? "Y
me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón"
(Jer. 29:13).
El Salmo 42:1
menciona que mi alma necesita de Dios para vivir, y el salmista se refiere a
esa búsqueda de la siguiente forma: "Como el
ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el
alma mía".
Cuando te levantas
por la mañana, ¿cuál es el mayor deseo de tu alma? ¿Te despiertas respirando el
poder de Dios y de su palabra?
2. Y yo las comí...:
Aquí, la palabra comer podría ser interpretada como degustar y masticar bien el
alimento, hasta que los nutrientes entren en la corriente sanguínea del alma, y
gracias a ese proceso viva durante ese día. Debo estar ante la presencia de
Dios hasta que sienta que estoy nutrido espiritualmente. No puedo ir ante el
Padre solamente para "merendar" o "cenar".
3. Y tu palabra me
fue por gozo y por alegría de mi corazón..: Así se sentirá una persona que da
prioridad a Dios al comienzo de cada día. Los resultados de esa forma de
relación son poder y felicidad. ¿Te das cuenta de cómo es posible convertir el
texto en algo más vivo y atractivo? Continúa meditando, y nuevas verdades te
serán reveladas.
El proceso de meditar
en la Palabra es semejante al de comer o alimentarse. Así como necesito
introducir el alimento en mi cuerpo para recibir los nutrientes, de la misma
forma necesito recibir en lo íntimo de mi ser la palabra viva de Dios. Sin el
alimento que viene de la comunión diaria, te sentirás débil y vacío, así como
el cuerpo físico que no recibe alimento se siente sin fuerza y sin disposición
a actuar.
En este momento
medita en las palabras del profeta Ezequiel: "Mas
tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa
rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy [...] Y lo comí, y fue en mi
boca dulce como miel" (Eze. 2:8; 3:3).
Más vida
En Juan 6:63, Jesús
hace la siguiente afirmación: "El espíritu es el
que da vida; la carne para
nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida".
Cuanto más entro en
contacto con la Palabra, más vida recibo. Las letras contenidas en la Biblia
son símbolos de las palabras proferidas por Dios. Cuanto más bebo de esta
fuente, aumenta más mi capacidad de recibir. Sus palabras son vivas, son
"espíritu y vida". Cuando Jesús fue tentado en el desierto, Satanás
le dijo: "[...] Si eres Hijo de Dios, di que
estas piedras se conviertan en pan" (Mat. 4:3). El Señor lo
reprendió utilizando un texto del Antiguo Testamento: "Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat.
4:4).
Las palabras de Dios
contienen vida. Sin el alimento diario no consigo tener fuerzas para vivir,
pues gracias a él me convierto en participante de la vida y las promesas de
Cristo. Lo entendemos así por el mensaje que nos transmite Pedro: "Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas
promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza
divina, habiendo huido de la concupiscencia" (2 Ped. 1:4).
Más entendimiento
La verdad en sí no
contiene únicamente vida; contiene también entendimiento y
esclarecimiento.
El salmista dice: "La exposición de tus palabras
alumbra; hace entender a los simples" (Sal. 119:130).
esclarecimiento.
El salmista dice: "La exposición de tus palabras
alumbra; hace entender a los simples" (Sal. 119:130).
Cuanto más
nos alimentamos de la Palabra y más verdades recibimos, más esclarecimiento
obtendremos. Jesús dice: "Vosotros sois la luz
del mundo" (Mat. 5:14). Y, cuanto más permitamos que la palabra de
Dios entre en nuestro corazón, más brillo irradiaremos.
Sumisión total a la dirección
del Espíritu Santo
La verdadera
meditación implica una total sumisión de la mente al dominio del Espíritu
Santo. Meditar es recibir la propia vida de Cristo por intermedio de la
Palabra. La verdad espiritual que recibimos por medio de la exposición bíblica
no toca, por sí sola, nuestra vida de forma profunda. Para que
podamos experimentar la transformación deseada, es necesario que la verdad sea
recibida en lo íntimo del alma. Solamente el Espíritu Santo es capaz de
realizar esta obra, dándonos así la revelación plena de toda la verdad. Debemos
presentarnos ante Dios convencidos de que dependemos enteramente de él para
recibir el alimento espiritual diario.
Pablo aclara muy bien
eso en 1 Corintios 2:9 al 12: "[...] Cosas que
ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios
ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el
Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque
¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre
que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu
de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu
que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido".Por
medio del Espíritu Santo recibimos la bendición de conocer a Dios. Nunca
debemos confiar en nuestro propio entendimiento ni en nuestra capacidad
intelectual para entender las cosas espirituales.
El ejemplo de Salomón
La actitud de
Salomón, al inicio de su reinado, es un ejemplo de la postura que debemos
adoptar cuando nos encontramos ante la presencia de Dios.
Poco después de
asumir el trono de Israel, Dios se presentó ante él en sueños y le dijo:
"Pide lo que quiera que yo te dé". Y la respuesta
a ese maravilloso ofrecimiento divino fue:
"Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesta a mí tu siervo
por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé como entrar ni
salir [...] Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y
para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu
pueblo tan grande?" (1 Rey. 3:7, 9).
La reacción natural
de Salomón fue obedecer la revelación divina. Dice el versículo 3: "Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su
padre David". La misma condición nos es exigida hoy para que
podamos recibir diariamente las revelaciones divinas con el programa diario de
Dios para nuestra vida.
Además de ser
obediente, Salomón tenía otras cualidades que merecen ser destacadas:
1.
Era como un niño: Dependía totalmente del
Padre celestial. "Y yo soy joven",
dijo Salomón a Dios. Dios bendice y se revela a los humildes de espíritu. Es
por eso que necesitamos
tener la humildad y la dependencia de un
niño.
tener la humildad y la dependencia de un
niño.
2.
En el caso de Salomón, su sentimiento de
dependencia, su confianza y sinceridad, hacían que Dios fuese la figura más
importante de su vida.
3.
Cierto día, Jesús llamó a un niño y lo puso
en medio de los discípulos. Luego, les dijo: "[...] De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como
niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se
humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos"
(Mat. 18:3, 4).
4.
Quien es humilde reconoce que necesita la
actuación del Espíritu Santo para comprender las revelaciones de Dios.
5.
2. Era rey: Tenía una responsabilidad. A
pesar de sentirse como niño, Salomón reconocía la posición en que Dios lo había
colocado. "Me has puesto a mí tu siervo por rey".
Lo mismo debe suceder con nosotros. Cuando nos aproximamos a Dios para que se
revele a sí mismo y sus verdades, tenemos que reconocer que, en su gracia, nos
hace hijos del Dios vivo, coherederos con Cristo e hijos del Rey. Pasamos a
relacionarnos, a gozar de su comunión; se complace en hablarnos, en
instruirnos, confortarnos, exhortarnos y
edificarnos, pues ahora nos encontramos indisolublemente unidos a él. Se agrada
en manifestarse a aquellos que le obedecen. Jesús
afirmó: "El que tiene mis mandamientos, y los
guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo lo
amaré, y me manifestaré a él" (Juan 14:21).
Conclusión
Meditar es el acto de
pensar, reflexionar y analizar los versículos de las Escrituras y del espíritu
de profecía en una actitud de dependencia total del Espíritu Santo, para que nos
revele el significado de las verdades contenidas en la inspiración. Entonces,
por la aceptación y la obediencia a ese mensaje, asimilarlo en nuestro
interior.
Si quien medita
mantiene una actitud de humildad, confianza y obediencia, la asimilación de esa
verdad comunica vida y esclarecimiento.
Meditar es recibir la
verdad en lo más íntimo de nuestro ser, es nutrirse de Cristo, el Pan vivo, la
Palabra viva. El vocablo meditar proviene de un término latino del cual procede
también la palabra medicalus, que significa "medicina,
remedio". Y, como sabemos, una medicina solo nos beneficia cuando la
ingerimos las veces prescritas.
Aplicación
1.
¿Qué entiendes por meditación? Escribe tu
respuesta a continuación.
2.
¿Qué actitudes básicas necesitamos tener para
que el Espíritu Santo nos revela las verdades implícitas en las Sagradas
Escrituras?
3.
¿Existe algún aspecto de tu vida que todavía
no está bajo el control del Espíritu Santo?
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