2 ago 2013

Una Receta Espiritual

Una receta espiritual - 1
DIA 2
¿Qué es más fácil, convertirse en cristiano o permanecer como tal? Al interrogar a las personas, tanto jóvenes como de edad avanzada, descubrí que generalmente ellas creen que es más difícil permanecer como cristiano. A lo mejor ellas experimentaron la conversión después de una reunión de evangelismo o de un retiro religioso; quizás hayan sido tocadas por un himno o un sermón; pero, después de algún tiempo, el sentimiento feneció y regresaron adonde estaban antes. Quizá descubrieron el error de obrar su propia justicia o su fe, y desistieron. ¿Por qué sucede eso? ¿Es posible que no hayan comprendido cómo vivir la vida cristiana? ¿Cuál es la base de la vida cristiana?
Seas un adolescente o una persona con cabellos blancos, probablemente te topas hoy con esas mismas preguntas. ¿Cómo puede el cristianismo volverse significativo en tu vida? ¿Cómo puedes conocer a Jesús personalmente? Deseo contarte cómo la vida cristiana se volvió palpable para mí.

Después de estar en el ministerio por tres años, enfrenté una gran dificultad. Hasta entonces, había tenido éxito al tomar sermones prestados de otros predicadores, incluso de mi padre y de mi tío. Conseguía predicar sobre los eventos finales y las doctrinas de la iglesia, pero un día percibí que esos discursos no reflejaban aquello que pensaba y tampoco contaban mi experiencia en con Cristo. Simulaba, y seguía la rutina en mi vida sin saber realmente lo que significaba el cristianismo. Como ministro, tenía la obligación de ser una autoridad en eso.
Un día intenté predicar sobre Jesús, y descubrí que había caído en la trampa de querer hablar sobre alguien que no conocía personalmente. Cuando entendí que la esencia del evangelio era Jesús, pero que mi enfoque no estaba en él, las cosas empezaron a parecer muy desalentadoras. ¡Créeme, no existe nada más frustrante que ser un ministro del evangelio sin conocer a Jesús! Mientras se formaban úlceras en mi interior, percibí dolorosamente que, a menos que conociera a Jesucristo por medio de una experiencia personal, sería mejor buscar otra ocupación.
Así, decidí hacer lo mejor posible para descubrir las respuestas en relación con este asunto del cristianismo. En una reunión de campamento, mientras los pastores armaban sus carpas, llamé aparte a algunos de esos amigos, uno por uno, y les hice preguntas sobre la fe y la religión, y cómo esto podría volverse real en mi vida. Como un compañero en el ministerio me sentía avergonzado por admitir que tenía interrogantes personales sobre eso, así que abordé las cuestiones en tercera persona:
- Supongamos que en mi congregación tenga a alguien que no sabe cómo ser salvo. ¿Qué debo decirle?
- Dile que necesita obtener una nueva vida de lo alto.
- Bien, ¿cómo puede él hacer eso?
- Dile que extienda la mano y tome la mano de Dios.
- ¿Cómo puede hacer eso?
- Tiene que caer sobre la Roca y ser quebrantado.
- ¿Qué significa eso?
- Significa que tiene que contemplar al Cordero.
Es triste decir que volví a casa más desanimado que nunca. Yo ya había usado algunas de esas frases imponderables cuando aconsejaba y predicaba, pero en mi búsqueda de respuestas concretas no significaban nada. Quedé dolorosamente consciente de que la mayor parte de nuestra terminología y argot religioso probablemente no significaban nada para muchas otras personas.
Esos términos eran irreales y estaban fuera del alcance para alguien que nunca los había experimentado.

Estaba decidido a abandonar el ministerio, pero alguien me dijo: "Todavía no terminó tu búsqueda, porque aun no estudiaste esto en los libros".
Tuve que admitir que solo leía la Biblia y oraba cuando tenía que hacerlo. Resolví estudiarla nuevamente con la finalidad de descubrir las respuestas, buscando formas concretas de convertir las frases intangibles en algo más significativo.
Compré todos los libros que abordaban asuntos como fe, Jesús y victoria sobre el pecado. En aquel tiempo no había mucha cosa escrita, pero encontré un libro, El camino a Cristo, que parecía bastante pequeño para que pudiese leerlo de tapa a tapa sin mucha dificultad. Ya lo había leído antes para una clase, y me pareció poco interesante. Esta vez resolví leerlo completamente, subrayando todo lo que me pidiese hacer. Empecé a leer el libro, e imaginen: lo subrayé casi todo. También descubrí de dónde venían todas las frases intangibles e imponderables, todas ellas estaban allí. Cuando terminé el libro, estaba tan enfadado como para echarlo al fuego. Las frases subrayadas continuaban siendo irreales e intangibles.
Cuando hice una pausa para reflexionar sobre las frases, descubrí que algo extraño había sucedido en mi interior. No pude explicarlo, pero a pesar de sentirme incapaz de describir lo que estaba buscando, estaba más decidido a continuar investigando. Resolví intentar una vez más; ahora subrayaría con doble línea las cosas concretas que pudiera realizar. Fue grande mi sorpresa, pues subrayé apenas tres cosas: estudio de la Biblia, oración y testimonio. Y esto no era una nota agradable, pues yo hubiese preferido leer la guía telefónica a leer la Biblia; sin embargo, creí que sería mejor dar una oportunidad.
Así, me quedé con esa pequeña receta mágica para el éxito: Leer la Biblia diariamente y orar un poco para contentar a Dios. Luego, colocar esa mezcla en el horno para cocinar por media hora, y entonces tener listo el pastel de la victoria. ¡Pero el pastel de la victoria no salió!
Quise saber en qué me había equivocado. Entonces, un día me topé con la historia de Nicodemo. Una noche, él se dirigió a Jesús con el propósito de entrar en una discusión. Dijo él: Señor, eres un gran maestro, y quisiera discutir contigo algunos grandes conceptos teológicos". ¿Ya estuviste envuelto en tal trampa? Él quería discutir y analizar, pero Jesús le dijo que el conocimiento que salva venía tan solo de conocer a Dios.
Comencé nuevamente con la fórmula de estudiar la Biblia y orar, pero esta vez empecé a investigar las Escrituras con el propósito específico de familiarizarme con Dios, aprendiendo a conocer a Jesús por medio del estudio de su vida y enseñanzas en los evangelios, y eso marcó la diferencia. Descubrí que la justicia no era nada que yo pudiese desarrollar. Era un don que venía espontáneamente como resultado del conocimiento de Dios, de conocer y familiarizarme con el Señor Jesús.
Desde entonces, he buscado otros métodos para continuar mi experiencia cristiana, otros medios por los cuales alguien aprende a conocer a Jesús; sin embargo, nunca encontré nada más. Todas las otras buenas obras, son resultado de ese tiempo diario a solas con Jesús. No puedo ni siquiera generar la fe por mí mismo; es un don de Dios. Por lo tanto, todo el fundamento de la vida cristiana es conocer a Jesús y tener una relación personal con él.
Jesús describe así la necesidad de una relación diaria con él: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás [...] Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Juan 6:35, 53).
Bueno, eso parece un poco confuso, ¿no es verdad? Se indaga sobre lo que pensarían los caníbales de las islas de los Mares del Sur si su único contacto con el cristianismo fuese esa descripción. Sin embargo, Jesús afirmó que estaba hablando sobre la vida espiritual de la persona: "Mis palabras son espíritu y son vida". Si continúas ponderando sus declaraciones en este capítulo, descubrirás que estaba hablando sobre la relación personal. Estaba describiendo la vida de comunión diaria, en la que pasamos tiempo con él y él con nosotros.
Debemos llegar a una relación tan personal, que nuestra voluntad sea absorbida por la suya. Cristo nos estaba diciendo que no podemos ser cristianos vivos a menos que lo busquemos diariamente. Nadie es un cristiano vivo a menos que tenga una experiencia diaria con Dios.
Desde el punto de vista espiritual, ¿qué significa comer la carne y beber la sangre de Cristo? Significa tener una experiencia personal con Jesús, teniendo como base un contacto diario con él. Aceptar la Palabra, el Pan del cielo, es aceptar al propio Cristo. Cuando la palabra de Dios es recibida en el alma, participamos de la carne y de la sangre del Hijo de Dios.
Como la sangre es formada en el cuerpo por medio del alimento ingerido, así Cristo es formado interiormente por la absorción de la palabra de Dios, que es su carne y la sangre del Hioj de Dios; y, por medio de la obediencia a esta Palabra, se vuelve participante de la naturaleza divina. Como la necesidad del alimento temporal no puede ser suplida participando de él apenas una vez, así la palabra de Dios debe ser comida diariamente para suplir las necesidades espirituales. Como a la vida del cuerpo se encuentra en la sangre, así la vida espiritual es mantenida por la fe en la sangre de Cristo Jesús.
A causa del desgaste y las pérdidas, el cuerpo debe ser renovado con sangre, siendo suplida por el alimento diario. Así, necesitamos alimentarnos constantemente de la Palabra, cuyo conocimiento es vida eterna. Estahttp://escuelasabatica.net/40diasconJesus/images/D2-2.jpg Palabra debe ser nuestro sustento y bebida. Solamente en esto encontrará el alma su nutrición y vitalidad". Por lo tanto, mantengo mi experiencia cristiana pasando cada día un tiempo a solar para familiarizarme con Dios. Vivo por la fe en Cristo, y permanezco en él por medio de su palabra y de la oración.
Texto adicional
Durante la jornada, intenta escribir el programa diario de Dios para tu vida. Puedes anotar lo que Dios espera de ti, puedes anotar el nombre de las personas por las que estás orando y puedes colocar cuál es el mensaje que Dios te dio en la jornada de hoy. Tendrás la oportunidad de hacer eso diariamente, y percibirás cuán importante es sentir y escribir el programa de Dios para tu día.








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